Corominas

El presidente de la Gran Logia de España, Josep Corominas i Busquetta, ha roto su tradicional silencio para negar que él hubiese dicho que ocho ministros del actual Gobierno están debidos a la obediencia masónica. Tras la comparecencia de Corominas quedamos enterados: él no lo ha dicho. Bien.
Sin embargo, cuando se le pregunta si esa pertenencia es cierta, saliese o no de sus labios, Corominas se descuelga con una respuesta enigmática: “¡Ah! Yo de eso no tengo ni idea”.
Sorprendente revelación la que nos hace el personaje, pues siendo él presidente de los masones españoles y no sabiendo si ocho, tres o doce de los ministros en activo están bajo su manto protector, se nos da pie para pensar lo mal organizada que está hoy la masonería patria, algo incompatible con su gusto por la razón y la inteligencia.
A continuación, el informante se plantea una hipótesis: “Y si fueran masones, ¿qué?” Para responderse: “No tiene ninguna importancia, porque a nadie se le pregunta si es de Falange Española”.
No podemos estar de acuerdo con el señor Corominas por un motivo muy sencillo, pues si existiesen ocho ministros de Falange, coincideremos en que a todos los españoles interesa conocerlo. Después, cada cual deducirá consecuencias positivas o negativas del dato, según los barrios y según los resultados.
En cualquier caso, de su comparecencia en la prensa nos quedamos con el siguiente balance informativo: usted no ha dicho nada de los ministros, los ministros pueden ser masones de ocho en fondo, o por el contrario, pueden ser de Falange; ser masón no tiene ninguna importancia y cuando los españoles ignoran a quién echarle las culpas, se las echan a la masonería. Oído, cocina.
Demasiado simplista. ¿No ve, señor Corominas, que la identidad de Garganta Profunda ya no es un misterio? A este paso pronto piarán en Salsa Rosa los iluminatti y el Priorato de Sión.

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