La fiesta eterna

¿En qué se diferencia el Orgullo al Carnaval de Tenerife o al de Río? En las fechas. Uno cae en junio y los otros, entre febrero y marzo. No así la Semana Santa de Sevilla y la de Málaga, que caen las dos en los mismos días.

El libre disfrute de la sexualidad, como el de la religiosidad, está muy bien mientras no sea impuesto ni cause perjuicios a quien no participa de esas expansiones. Bueno, de ésas y de ninguna otra, pero algo tienen la religión y el sexo que sus exhibiciones públicas tienden a consolidarse en el tiempo. De hecho los romanos y pueblos anteriores acostumbraban a salir a las calles para mezclar los conceptos de dioses, placeres y desenfrenos.

El Orgullo, dejémonos de historias, es más viejo que el pollo al chilindrón, y vestirse de mujer, de cura o de puta barata ha gustado desde los tiempos del becerro de oro. Incluso era propio de emperatrices hacerse pasar por profesionales del sexo para recibir el roce de la plebe.

Ya entonces estaban implicados los ayuntamientos, o sea, las autoridades. Unos lo harían por devoción, porque se sentían devotos de Saturno, de Mitra o de Cibeles, y otros, porque no les quedaba más remedio, ya que si el pueblo en masa se lanzaba al disfrute carnal y lo hacía con la bandera de algún dios, no iban a ser ellos tan osados como para impedírselo.

Igual que hoy, aunque el nombre del dios haya demudado por las siglas LGTBI, o incluso más largas.

Alguien ha dicho, el Orgullo ha venido a quedarse. Qué poca cultura. El Orgullo nunca se había ido demasiado lejos. En todo caso, a marzo. Pero las ocasiones en las que durante la antigüedad se salía de las casas para hacer orgías oficiales también eran más de una al año.

En algunos sitios vamos por delante. Entroido, Arde Lucus, Orgullo, Maruxaina y fiestas de guardar.

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