El país más feliz del mundo

La ministra de Trabajo odia el trabajo. Nunca le gustó. Pertenece a ese tipo de personas que cuando llegan al capítulo 3 del Génesis, versículos 18-19, donde pone “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, tiran el libro y dejan de leerlo. Es un texto demasiado descarnado para ellas.

Pero la vida y la política tienen estas cosas. Por caprichos del destino Yolanda llega a ser ministra del ramo, que es como si a Carmen Lomana la hacen ministra de Agricultura, o a Puigdemont, presidente del Constitucional.

Su gran plan en estos momentos es reducir el trabajo. Pero no reducir las horas de trabajo de cada uno, que es lo que expone, sino en general, esto es, que cada vez haya menos.

Ya me contarán, si su genial idea es trabajar casi tres horas menos a la semana y cobrar lo mismo, ¿quién es el guapo que adivina unas subidas de precios de órdago a la grande?

Pero no terminan aquí sus intenciones. En el fondo de su alma, protegido por un cancerbero rabioso y dos dogos argentinos, guarda su verdadero plan estrella, que es la semana de cuatro días, es decir, 32 horas de rechupete. ¿A quién no le va a gusta semejante bicoca, si además podemos añadirle una notable subida de sueldos?

Pero el caso no es aprobarlo, sino vivir en un país capaz de soportarlo, el país más feliz del mundo. Cuba no lo soporta, por ejemplo. Ni China. Y los casos no son ni parecidos.

Ya han conseguido que no exista demanda en según qué sectores. La nueva medida acabará por descalabrar a España como receptáculo de empresas extranjeras. ¿Dónde se trabaja menos y es más caro? Pues eso.

Sánchez le ha dado el visto bueno al plan. Quizá lo comparta plenamente porque todo ayuda a que seamos un país subsidiado, conformista, sin ambición y, eso sí, con mucho tiempo libre.

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