El lado oscuro

Resulta curioso escuchar de labios del presidente que los causantes de la desinformación son los medios que no tienen lectores. Algo así como si nos intenta convencer de que las serpientes más venenosas son las que no tienen veneno.

¿Cómo se puede desinformar sin que te lean? Y sobre todo, ¿por qué preocupa al presidente semejante contradicción?

Sánchez necesita una disculpa que disimule, disfrace, oculte o maquille sus verdaderas intenciones, que no son distintas a las que siempre han movido al poder, la censura; y se inventa la máquina del fango, reforzada ahora con unas características insólitas.

Vamos a censurar a quienes no tienen lectores, o sea, a quien nos dé la gana a nosotros.

En todo caso es un tic dictatorial que no se lava ni con escamas Saquito, porque se le ve venir desde lejos.

Quizá se atreve a promover un planteamiento abierto a favor de la censura porque el oficio está institucionalizado desde hace años. Se censura a quien habla en castellano en según qué ambientes, al que no utiliza la expresión todos y todas en sus discursos, al que alaba la belleza en la mujer, al que critica a los okupas, al que pondera los pantanos del franquismo, al que no está del todo de acuerdo con el movimiento Me Too ni con todo lo que alguien ha considerado que pertenece a lo políticamente correcto, que es mucho y muy variado.

Con ese trabajo por delante, cuando más débil es la resistencia a admitir la dictadura encubierta, se lanza un plan de censura sin tapujos y sin miedo a ser lesivo contra la democracia. ¿Cómo lo va a ser si llevamos años obligándoles a emborregarse y no dicen ni pío?

Ya lo saben, en dos semanas va a estar preparado el bodrio. A ver qué dicen los colegas del lado oscuro.

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