La carga de los jinetes indios

Los mejores exploradores indios, al menos dentro de los que estaban dispuestos a colaborar con los casacas azules, eran los shoshonis. El general Custer llevaba tres centenares de exploradores y la mayoría era shoshonis.

No le sirvió de mucho porque, como todos sabemos, él y sus hombres murieron con las botas puestas entre los ríos Big Horn y Little Big Horn. Y gran parte de los shoshonis, también.

Todo esto viene a cuento de que Felipe González, alias Isidoro Sentado, se ha reconocido como un buen explorador indio. Para mayor concreción, apache. Con esas facultades que da la experiencia, se agacha, aplica la oreja sobre la pradera y sabe quién cabalga en Ferraz, cuántos caballos vienen, si son amigos, si están herrados, o si son bisontes, búfalos o vacas de largos cuernos como la Texas longhorn.

Se lo creo. González lleva tantos años en la pradera de la historia que oirá las cuadrillas, aunque vengan montados sobre conejos en calcetines.

No hace falta esperar a que Isidoro Sentado ofrezca más pistas para intuir de sus palabras que en el PSOE se están ensillando algunos caballos y que hay gente dispuesta a impedir que Sánchez acabe por convertir el partido en una tribu inservible para el futuro inmediato. Otra no cabe.

Nada tiene de extraño que haya vida fuera del sanchismo, aunque en apariencia no se mueva una hoja sin el visto bueno del gran jefe Casaca Azul Slim Fit y de su esposa, Lince Conseguidora.

Lo extraño sería lo contrario, que es lo que viene sucediendo, sin nadie que levante medianamente la voz para decir que no todo vale.

La carga de los jinetes indios fue una de esas vaqueradas que se veían sin pestañear, aunque después viniese el crítico diciendo que era de la serie B.

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