De mal en peor

Me imagino el rostro compungido y la risa sardónica que ayer lucían los ´double haters´ ante el debate de Biden y Trump.

Ya saben que los americanos son expertos en bautizar al instante cualquier novedad que se produzca y con ese término de ´double haters´, o dobles odiadores, definen al 20 por ciento de los votantes _pocos me parecen_, que no suspiran ni por el demócrata, ni por el republicano, pero saben que por encima de sus gustos acabarán siendo gobernados por uno de los dos.

Al verlos en el debate se han reforzado en la razón que les asiste de pensar como piensan. El uno no está para gobernar y el otro conviene que no gobierne.

Cómo será la cosa que los demócratas se tiran de los pelos y suplican que se busque la manera de cambiar a Biden por cualquier otro, aunque sea Riley Anderson, la protagonista de la película Del Revés, que tanto da que hablar.

Lo extraño es que hayan descubierto los puntos débiles de Biden en el debate, cuando para quienes vivimos a miles de kilómetros de la Casa Blanca, era notorio desde hace meses que el presidente se encarrila de forma inequívoca hacia la mesa camilla, la vida sin sobresaltos y una cuidada alimentación.

Sí, ya sabemos que frente a él está ese torbellino con flequillo de diseño y más causas pendientes que un descuidero del metro. Pero no basta declararse ´double hater´, porque es tanto como ir a un restaurante y quedarse sin comer porque no te gusta ni el pollo, ni la merluza.

Poco han tardado para soltar al ruedo el nombre del gobernador de California, Gavin Newsom, como sustituto ideal si los demócratas logran desplazar a Biden de sus pretensiones. Joven, sonriente, kennedyano, con pinta de haber salido directamente de un casting para interpretar al presidente de los EE.UU. en una película… Como para empezar ya la labor de zapa.

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