Los diez mandamientos

La plaga de saltamontes que todo se lo zampan, el mosquito tigre que reparte enfermedades a picotazo limpio y los pimientos marroquíes contaminados con pesticidas clorpirifos y fenazaquina ayudan a que en el horizonte veamos la silueta de Chartlon Heston disfrazado de Moisés mientras avanza hacia la casa del faraón para anunciarle la plaga de los primogénitos.

Qué barbaridad. Qué bíblico se pone el panorama. Uno llega a pensar que el faraón Pedro Ramsés ha cedido ante el Moisés Feijóo para solucionar la epidemia del CGPJ, aunque sólo el tiempo dirá si hay motivos para la celebración o si Caperucita se ha tragado el embuste del Lobo.

Hoy se ha muerto el suegro del faraón y Mercedes Milá confiesa que todos los días habla con su amor fallecido, José Sámano, para que “allá donde se encuentre” eche una mano al faraón Pedro Ramsés.

¿Habrá algo más cursi que decir “allá donde se encuentre”? Los creyentes hablan con sus difuntos que están en el cielo, pero los agnósticos, como no creen en el cielo, hablan con ellos “allá donde se encuentren”.

¿Dónde estará ese cielo civil? Si San Pedro abre las puertas del paraíso, ¿quién está al frente del cielo civil? ¿Alguien del PSOE?

Pero volvamos a la tierra. Bolaños y Pons han descendido del Sinaí con las tablas de la ley del CGPJ, partidas por gala en dos, que las partieron para ti, Pedro Sánchez y Feijóo. Las tablas podrían romperse contra las cachas del becerro de oro antes de demostrar su eficacia. Si le pasó a Moisés y tuvo que volver a por otras nuevas, ¿qué tendría de extraño que se rompieran las tablas bolañas?

Milá cree en la metempsícosis y me parece de perlas. Sámano no tendrá tiempo de aburrirse si todos los días ha de atender a Milagros, Milá y Massiel, sus mujeres terrenales. ¡Pedro! ¡Ayuda!

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