Mercado negro

Desde esta parte de los Pirineos no se le ve muy entusiasmado a Puigdemont con la promesa de la financiación singular de Cataluña. ¿Por qué? ¿Le parece escasa?

No. Qué va. Le parece mal que se la ofrezcan a ERC a cambio de investir a Illa, porque de esa forma él se quedaría sin Generalitat.

Es entonces cuando rezonga entre dientes:

—Y tú te quedarás sin Moncloa, querido.

Como pueden comprobar transitamos terrenos de una gran altura política, donde el chantaje, la extorsión, la compra de voluntades y el menudeo se expresan con la misma frialdad y el mismo espíritu bursátil que en un zoco o en un narcopiso.

¿A cómo está hoy la gobernabilidad? ¿Ha subido la cláusula catalana? ¿A cómo está el flete del agravio histórico? ¿Se mantiene en su precio la financiación singular?

Se ponen a hablar de sus cosas, les cuelas por el medio la cotización en lonja del abadejo y ni se enteran. Y después dicen que el pescado está caro.

En su primer viaje a países de mercaderes, a los occidentales les extraña el desparpajo del regateo y su omnipresencia en cualquier transacción comercial. Bueno, supongo que eso era antes, porque hoy quien viaje desde España a uno de esos baratillos está dotado para engañar al más listo de los tenderetes.

—¿Cuánto pide por esa alfombra? Le ofrezco la parte contratante de la primera parte considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal? ¿A que está muy bien, eh?

Cuidado, dicen entre ellos los chalanes, ahí viene un grupo de españoles y te la pueden meter doblada. ¡Menudos son ellos en el regateo! Tiqui taca, tiqui taca.

Los hermanos Marx nos abrieron las puertas de la negociación y Pedro Sánchez nos ha dado el máster por muy negro que sea el mercado.

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