No lo llames amor, llámalo X

Salvador Illa, Pedro Sánchez y el resto de ideólogos acaban de descubrir de súbito prono que Cataluña es una tierra maltratada por España, porque la metrópoli, desde Alfonso X el Sabio para acá, se ha dedicado a realizar sus mayores inversiones en Melilla, en Higuera de Vargas y en Nogueira de Muñiz, dejando a un lado Matadepera, en Barcelona, que por eso es el segundo municipio español de mayor renta media, por debajo de Pozuelo.

Gracias a que su partido no suma, ni ganando en Cataluña, ni perdiendo en España, Sánchez e Illa han despertado a la cruda realidad y se han puesto manos a la obra para remediar cuanto antes el desaguisado.

Al grito de “no es privilegio, es justicia”, Illa se ha lanzado a justificar todos estos años que llevamos despreciando a Cataluña y favoreciendo, por ejemplo, los trenes a Extremadura y Galicia, que están como quieren.

La anunciada financiación singular es poco. Añadámosle la cláusula catalana ¿y por qué no?, un plus de embajadas que les permita competir en el extranjero con las instalaciones del Centro Galego de Buenos Aires y con la Casa Galicia de Nueva York.

Todo será poco para compensar estos años de marginación que Jordi Pujol y familia supieron llevar con abnegada resignación y humildad cristiana. No imaginamos a ningún compatriota que se niegue a reconocer la justicia de la cláusula catalana, ni siquiera García Page.

Todos marcharemos como un solo hombre con nuestra pequeña o gran contribución _que por algo se llama así_ para hacer que Puigdemont y Junqueras, los CDR y la CUP salgan por fin de su pobreza y puedan comprarse un Falcon para cada uno, o lo que más falta les haga en cada momento.

No lo llames privilegio, llámalo X.

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