Las tribulaciones de un chino en China

Las tribulaciones de un presidente demócrata han de ser exactamente las contrarias de las que le conmueven a Sánchez.

Luchar por la independencia judicial, apuntalar la igualdad de los españoles allá donde quiera que vivan, garantizar una prensa libre, ceñirse al cumplimiento de las leyes, evitar cualquier sospecha de nepotismo, desterrar los despilfarros, someterse a la Constitución y otras muchas que se derivan de las anteriores.

Lo curioso del caso es el auténtico desparpajo con el cual se pretende convencernos de que el camino correcto es exactamente el contrario, como si hubiésemos vivido toda la vida equivocados y ahora apareciese Sánchez entre nubes para marcarnos la senda de la verdad, como ese locazo de la secta Evol que se presentaba humildemente como salvador de la humanidad, ni más ni menos.

Esta inversión de los papeles vive ahora uno de sus episodios más clamorosos, cual es comprobar la presión del fiscal general del Estado sobre los cuatro fiscales del procés para hacerles ver que la justicia está del lado de amnistiar la malversación y no de quien la persigue si el reo es catalán.

Y ya no digamos, cuando defiende la filtración de los datos fiscales de un particular por intereses políticos.

Si tienen la humorada de leer todos aquellos medios en los que el PSOE tenían influencia después, e incluso antes, de la muerte de Franco, encontrarán una y otra vez al anti-Sánchez reflejado en sus ideales políticos.

En Triunfo, por ejemplo; en Sistema, la revista que tantos años dirigió Tezanos. En todas ellas se puede leer una y otra vez cómo ha de comportarse un político demócrata, un retrato que comparado con la realidad es el negativo de una película que sólo tiene sentido si se proyecta invertida.

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