Objetivo: la Casa Blanca

Ya tenemos dos nuevos bandos. El de los que creen que a Biden se le fue la olla durante la cumbre del G7 en Borgo Eganzia, como ya había ocurrido días antes en Normandía, y el de quienes creen que está más fresco que una lechuga, acusando a las fuerzas del mal de intentar presentarlo con graves carencias mentales para favorecer sus intereses espurios.

La solución real la saben los doctores que atienden su salud, pero si se nos permite hablar por boca de ganso, a través de vídeos y poco más, no hay duda de que este señor está pidiendo a gritos sopitas y buen vino.

Toda una tragedia, porque si Estados Unidos, potencia entre las potencias, no es capaz de presentar más candidatos a ocupar su presidencia que Donald Trump y Joe Biden, se necesita algo más que un despiste para justificarlo.

La escena de Meloni, cogiéndolo por el brazo y reconduciendo su interés hacia el lugar que centra la mirada del resto, puede ser un gesto inocente por parte de la anfitriona, que desea pastorear a sus invitados para que todos sigan el programa al pie de la letra, pero también es cierto que lo hace con Biden y no con otro.

La discusión no es baladí. Su hijo acaba de ser condenado y estamos a cinco meses de las elecciones. Si Biden sigue dando continuas muestras de debilidad, Trump puede volver a la Casa Blanca con todas sus condenas en la mochila.

Los defensores de Biden cual lechuga señalan la existencia de dos vídeos manipulados, de donde se eliminan los fotogramas que demuestran el comportamiento normal del presidente, como tantas otras veces ha ocurrido en el pasado.

Lo malo es que, ni con ésas, somos capaces de ver a un Biden en plena forma; ni se nos borran los lapsus que le acorralan los últimos meses.

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