El ataque de los muertos sin ojos

A Vicente Guilarte, el presidente interino del CGPJ, le resulta aterradora la propuesta de Pedro Sánchez para cambiar el sistema de elección de los jueces y lo dice.

Pero lo auténticamente aterrador es que ahora mismo los españoles no estemos huyendo despavoridos por las calles ante dicha amenaza, ante el anuncio de perseguir a los periodistas críticos allí donde se encuentren y ante cualquier atisbo de dictadura que él enmascara bajo una sibilina capa de calidad democrática.

El ataque de los muertos sin ojos es una chuminada al lado de lo que se puede esconder detrás del control a los contrapoderes. Lo saben bien los venezolanos que nos advierten sobre los movimientos políticos que ellos observaron sin apenas darles importancia, pensando que una involución como la que se avecinaba nunca sería posible en su flamante democracia.

Sánchez sale a la calle y se siente odiado. Le pitan y le abuchean. Él pensará que son grupos organizados por sus adversarios, pero ya no cabe tanta planificación. Por eso, se acerca cada vez más a la definición que Moravia hizo de la dictadura, un sistema en el que todos temen a uno y uno, a todos.

Él confunde la calidad democrática con su capacidad para controlar a jueces y periodistas como hace con Tezanos, Conde Pumpido, García Ortiz y con todos los poderes que ha logrado domesticar hasta ahora.

Muertos sin ojos que no sean testigos de nada y que le obedezcan como zombis descerebrados. Debemos pensar que es demasiado tarde para que sea posible una sumisión tan medieval, pero a veces nos asalta la duda como a Guilarte y sobreviene una imagen aterradora. Una bandada de garrulos lisérgicos se desmanda por las calles fuera de todo control.

Esas cosas sólo pasan en el cine, ¿verdad?

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