Cartas a mi amada

Estimado Pedro Sánchez, soy uno de los ciudadanos a los que escribe el pasado día 4 y uno de los que contribuye a pagarle el sueldo como presidente del Gobierno, no como Elena Francis, que para eso ya teníamos a Juan Soto Viñolo, especialista en asuntos de pareja, como Ignacio Barraquer lo fue en asuntos de la vista.

Nos ha escrito dos veces, ambas con su amada como núcleo central de las misivas, haciéndonos ver que no se trata de temas gubernamentales, pero sin dejar de serlos porque usted mismo es quien mezcla los sentimientos y embarulla el amor que siente hacia Begoña con el amor que prodiga al cargo, lo cual nos ha dejado estupefactos, como acostumbra a suceder con la mayoría de las decisiones que toma.

En esta última correspondencia se incluyen algunas opiniones que deberían ser motivo de nuevas causas, si no fuese porque hoy tragamos con las fauces de Moby Dick los gestos más antidemocráticos que imaginarse pueda.

Eso del poder de la extrema derecha sobre la Justicia, en boca de quien ha tratado de domesticar fiscales y tribunales a cascoporro, suena a ETA quejándose de terrorismo.

También me ha hecho sonreír su apreciación sobre un posible acuerdo entre el PP y Junts para desalojarlo de la Moncloa, calificándolo de contra natura.

¿Quiere usted decir que el suyo con Bildu es absolutamente natural, que ambas formaciones persiguen lo mismo, vienen del mismo origen y se confunden en el paisaje? ¿O con Junts, con ERC, con el BNG y con todos los que necesita para seguir en pie?

Si tan tranquilo se encuentra como afirma, deje que fluya la máquina judicial y espere acontecimientos, como nos ocurriría a cualquiera. No dedique su precioso tiempo a engordar la estafeta con cartas de amor.

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