Por los pelos

Para beber las aguas más cristalinas hay que acercarse a las mejores fuentes. Consecuentemente con la perogrullada, ayer por la mañana había que leer a la periodista que este miércoles va a recibir el premio Puro Cora de periodismo, la subdirectora de La Vanguardia, Lola García.

¿Y qué escribía Lola? Bueno, dicho rápido y en corto para no plagiarla por entero, que algunos candidatos superaban los condicionantes negativos de los partidos y otros carecían de esa fuerza ante las urnas y se preveían cacharrazos.

En el primer caso estaban Illa y Puigdemont, que por muy diversas razones — ausencia de histrionismo, en el primero, e histrionismo completo, en el segundo— salvarían el tipo. Aragonès, por el contrario, era anodino.

Y lo clavó. Cataluña no quiere más aventuras fuera de ese paraguas español y se entrega a Illa. A Puigdemont, también, pero sólo por el ruido armado desde que no pisa de Pirineos al sur.

Illa se sobrepone a toda la carga negativa de su partido, entre otras razones, porque la política de Sánchez con Cataluña no ha sido precisamente ecuánime con el resto de las autonomías.

Y el que se cae con todo el equipo es el presidente Aragonès, dejando sin posibilidades al independentismo y a él mismo, que pronto será recordado como el hombre que ocupó la Generalitat sin mancharla ni romperla, aunque ERC forme gobierno con los socialistas.

Fiesta comedida para el PP, que puede presentarse ganador: Somos los que más subimos, aunque la patata es envenenada, porque desarticulado el independentismo, lo suyo es no ponerle trabas a Illa y que no se repitan elecciones. ¿Suman las izquierdas? Sí. A punto de cerrar y por los pelos. O Illa o repetición. Menos independentismo, cualquier cosa.

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