Amarga victoria

¿Merece Salvador Illa que se le corte su cabeza triunfante de esta tarde-noche por haber dicho Lérida y no Lleida?

Sí, se lo merece. Se lo han puesto a huevo a los independentistas. Sólo a él se le ocurre tirar del hilo etimológico que arranca en el íbero Ildirta, pasa por el latín Ilerda, se muda al árabe Larida, transcurre como Leyda en el Medievo y desemboca en el infamante castellano Lérida. ¿De dónde sale Lleida? Supongo que de alguno de estos momentos, pero no se preocupen porque seguirá cambiando a lo largo de los siglos.

Illa, con esa cara tristona de no haber probado una queimada en su vida, tiene miedo de ganar esta noche y de recibir una llamada de Sánchez a los dos minutos. Una llamada que se desarrollará más o menos así:

_ Enhorabuena, Salvador; tienes que hacer presidente a Puigdemont.

_ ¡Pero si he ganado yo!

_ Ya, ya. Pero el otro día dijiste Lérida y eso no te lo perdonan. Además, si no votas a Puchi, me mueven el sillón en Madrid y para ese negocio no he estado yo cinco días devanándome los sesos. Compréndelo, Illa mía.

_ ¡Hombre, no vale! Es la segunda vez que me pasa y nuestros votantes se van a mosquear.

_ Lo siento. A veces para ganar la guerra hay que perder alguna batalla. Antes lo hiciste con ERC, ahora con Junts. Si todo sale bien, dentro de cuatro años lo haremos con Aliança Catalana.

_ ¡La extrema derecha!

_ No es mentir, es un cambio de opinión. Además, si vuelve otra pandemia, te hago ministro de Sanidad y sales tú en la tele a dar el parte todos los días.

_ No, si al final voy a tener que comprarle mascarillas a Koldo.

Y con esas palabras en el aire, el presidente cuelga el teléfono al tiempo que murmura:

_ ¿A quién se le ocurre decir Gerona en vez de Girona?

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