El espejo tiene dos caras

No creo que la cancioncita de Israel en Eurovisión sea tan buena para ganar el favor del público de antemano. Me da que el apoyo a la balada es más político que musical y proviene de quienes se asustan del partidismo en contra de los judíos que se pretende presentar como generalizado y masivo en todos los lugares.

Eso sin contar los episodios de racismo antisionista que comienzan a darse, de momento de forma aislada, como en los años previos a la persecución nazi. Vamos, una maravilla de sensatez.

Los análisis simplistas y maniqueos desembocan en radicalismos, y éstos tienen todas las papeletas para estar equivocados. Es triste acudir a esta perogrullada, pero una y otra vez la masa cae en el mismo error, sin duda porque detrás de ella hay personas o grupos interesados en mostrar una sola cara del espejo.

Cuando a la turba le da por derribar estatuas de los descubridores españoles, recuerda la caza de brujas. Y cuando vemos tanta unanimidad en la condena a una parte, las cejas se fruncen y se recela.

El sufrimiento del pueblo ucraniano no ha generado una oleada de protestas contra Rusia, y si esa pasividad se echa en cara del activismo profesional, de inmediato responden que los rusos tienen sus razones y que Ucrania no es inocente del todo.

Curioso razonamiento que ahora ha desaparecido por completo.

Palestina es un pueblo sufriente, pero Israel también. La convivencia está lejos de alcanzarse para poder mejorar a partir de ella. El festival de mañana, se quiera o no, va a significar una especie de referéndum, no tanto de Israel y Palestina, como de las protestas. Si la canción de Eden Golan queda entre las cinco primeras, los acampados deberían plegar tiendas y abatir columnas.

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