Todos los hombres del presidente

Un amigo que, además de serlo, tiene el buen gusto de leerme a diario, me dejó ayer desarmado: “Llevas dos días hablando de Broncano y yo no sé quién es ni había oído su nombre hasta ahora”.

Tiene razón. No hay ningún motivo especial para conocer a un muchacho que repentiza con agilidad, por lo que se cree muy listo, y que se abonó al progresismo sin lustre para medrar pegado a un micrófono. Un producto muy del siglo XXI, al que en el XX lo llamábamos el gracioso de la clase y punto.

Si añadimos que su salto a la fama se produce en un canal de pago, que entrevista sin preguntar nada de interés y que la mayoría de sus invitados son tan ilustrados como él y se dedican a darle a la húmeda en redes y plataformas, te quedas absolutamente sin ninguna necesidad de conocerlo.

Pero la situación cambia radicalmente cuando te enteras de que el presidente del Gobierno, en vez de velar por la función pública de nuestra televisión, pretende gastarse 28 millones de nuestros euros en la labia del joven para su beneficio particular, cual es quitarle audiencia a otro presentador que le ocasiona quebrantos porque suele ponerlo verde.

Ahí es donde mi amigo debe interesarse por conocer al personaje, porque los dineros, muchos o pocos, que con sangre, sudor y lágrimas aporta cada año a las arcas estatales se van a emplear en semejante estrategia política de interés particular.

Es decir, el tío no solo es malo como un asno cojo y nos causa pérdidas a cascoporro, sino que tenemos que pagarle las trampas con las que pretender disimular su falta de idoneidad para el cargo.

Entre lo que se lleva Begoña y lo que apaña Broncano vamos a tener que pagar impuestos hasta por gastar la acera, inspirar el aire y mirar el mar para darles de comer a todos los hombres del presidente.

Comenta