El mercader de Venecia

Que nadie lo tome como un desaire judicial, pero a mí la opinión de la Comisión de Venecia sobre la ley de amnistía me importa un pito. Dos, para ser generosos.

La percepción de que es una ley sin justificación comunitaria, caprichosa, fruto de un chantaje y debida finalmente a unas necesidades personalísimas de un mercader, como las que afectan al aparato excretor, no varía ni un ápice diga lo que diga la Comisión Europea para la Democracia. Que se tramitó muy rápido o muy lento, que necesita una mayoría más o menos cualificada, o que le vendría de perlas un preámbulo con cinco considerandos más.

Es como si la Comisión de Venecia, o la de Fukushima, nos trata de convencer a los lucenses que a las 16,39 horas de ayer no hubo en la provincia un terremoto de 3,7 grados que nos dio un vuelco al corazón y que nos quedamos mirando a las paredes por si se abría una brecha y nos íbamos todos a ejercer en otro destino.

Vamos, que encima se tramitó muy rápido y que salió adelante con un apoyo endeble. Es que si fuese mayoritario, no estaríamos hablando del asunto desde hace un año, sin tiempo ni atención para, por ejemplo, aprobar los presupuestos, un requisito que hace unos meses el propio Pedro Sánchez consideraba imprescindible para ser considerado un Gobierno.

El bochorno que produce este hombre sube de día en día, y no es de extrañar, porque no hay tropelía que le parezca ser demasiado indecorosa para no cometerla, con o sin la ayuda de sus titulares favoritos, Presidencia, Hacienda, Interior…

De modo que leemos las conclusiones de la Comisión de Venecia como quien lee el informe de los profesores sobre su hijo. Mejor que tú no lo van a conocer y, digan lo que digan, no conseguirán que ahora descubramos que en casa tenemos un niño prodigio, o un zascandil con la cabeza de paja.

Un comentario a “El mercader de Venecia”

  1. SEito

    Mediadores externos, comisiones externas. Ya puestos que externalicen el Gobierno si ya no lo está.

Comenta