Barraca España

En la caseta de España instalada en la feria se pueden lanzar tres tomates maduros a la cabeza que emerge del agujero central, ora Isabel, ora Fernando. Es muy divertido y apenas cuesta un realillo de euro, es decir, 25 céntimos de nada.
La atracción engancha, pues dicen que una vez que la has probado, vuelves a ella una y otra vez en busca de tu dosis de dopamina, norepinefrina o adrenalina, según los casos. No se nos olvide también los importantes premios que te puedes llevar a casa en tierras o en metálico. Cuanto más afines la puntería, mayor es la recompensa.
Uno de los asiduos es Anasagasti, como ya lo hicieron antaño otros pelotaris como Arzalluz, alias el morrosko de Azcoitia y El Nazi, o el mítico Arana en su momento, ambos dignos representantes de la dureza de mollera.
Ahora es Anasagasti el que juega y se divierte con el pim pam pum de la barraca, utilizando para ello tiros cada vez más sofisticados, como el doble mortal con medio tirabuzón sobre la cocorota del Rey y de cómo Fraga ya defendió la devolución paulatina de Ceuta y Melilla a Marruecos.
Sin necesidad de salir de lo que se llama España, hay una amplia nómina de tiradores, casi todos a sueldo del erario, que no dejan pasar una semana sin hacer algún lanzamiento a la remanguillé por ver si se cae del mapa una provincia, o como mínimo, el peñón de Peregil.
Entre los tiradores extranjeros destaca la escuela islamista, siempre tan preocupada del Al Andalus, sus fuentes cantarinas y sus ubérrimos vergeles, ahora que la sequía lo está dejando todo muy chungo y churrurío.
A la feria se ha sumado en estos últimos tiempos la voz melosa y caraqueña de quien llaman en círculos entendidos El Gorila Rojo, más por gorila que por rojo.
Y siendo así, que todos se divierten, la feria alcanza ya notables proporciones y raro es el día que no asoma la nariz un nuevo concursante por ver si su tajada es rica y abundante. Pues nada, a mandar.

2 Comentarios a “Barraca España”

  1. Tamarín

    ¡Y sonó la flauta (¿por casualidad?)!

    La zeta, y el Rey, defendieron (dentro de lo que cabe), a Aznar.

    A lo mejor se nos va un “amigo”: el Gorila Rojo.

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