Horror vacui

El debate político sube enteros como la espuma. ¿Es Ceuta marroquí? ¿Tiene patria Patxi López? ¿Cómo deben ser llamados los terroristas? ¿Agentes armados de cambio y bolsa? ¿A qué huelen las cosas que no huelen?
Por extrañas razones que seguramente tienen mucho que ver con la alimentación de envases plásticos vivimos en el paraíso del columnista, en la jauja del monologuista y en el jardín de las delicias turcas para tertulianos y diletantes.
Quienes dedican su tiempo a estas evanescentes actividades saben que cada mañana, tarde o noche de su existencia han de enfrentarse al síndrome de la hoja en blanco, similar al del pintor tras armar el caballete y antes de saber cuál va a ser la dirección de su primera pincelada.
Por dilatada que sea la experiencia en el oficio, nada le evitará sentir un instante de pánico ante una eventual y amenazante falta de inspiración para rematar felizmente la faena.
He de confesar que desde hace ya bastante tiempo, esos temores se han atenuado hasta límites muy soportables, pues viene sucediendo lo contrario, esto es, que el conflicto no sobreviene por falta de argumentos, sino por su abundancia. Y tan sólo nos referimos al espacio político y social, que son los que nos ocupan.
Quien disponga de tiempo suficiente para observar, descubrirá sin esfuerzo la existencia de tipos muy pintorescos, de declaraciones sorprendentes, de iniciativas estrambóticas, de todo un mundo de farfolla inconsistente que se acumula por capas superpuestas, una tras otra, sin permitir que se analice la anterior porque ya está en la palestra la siguiente.
Una de esas capas que han quedado atrás, el vídeo de la Z, representa de alguna manera la culminación de ese novísimo estilo que quizás tenga sus orígenes culturales en el movimiento dadá, se retroalimente con Tip y Coll, aflore con Cicciolina y ahora dé sus frutos. No sé. Se necesita tiempo para estudiarlo, de modo que no hay que temerle al papel vacío.

23 Comentarios a “Horror vacui”

  1. nono

    vale

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