Ola de líos

Los terroristas matan y sus víctimas rematan. De existir un manual sobre cómo no debe comportarse una sociedad atacada por grupos violentos, en sus páginas se recogería, punto por punto el modelo español, que está demostrando no ser modélico en nada.
Primero conviene crear varias asociaciones de víctimas, pues así se dará la sensación de no saber quién es el enemigo. Sería muy oportuno que una de ellas responsabilizara de los atentados al anterior presidente del Gobierno, y la otra, al actual. Con esta medida nos aseguramos de que nunca se sepa de dónde vienen los tiros. Ante un atentado, máxime si es a las puertas de unas elecciones, es muy recomendable manifestarse ante las sedes del partido en el Gobierno. Y si las víctimas salen en manifestación, nada mejor que aprovechar la riada de gente para criticar al Gobierno y zarandear al ministro de Defensa, si se tiene a mano.
El ministro, por su parte, debe exagerar el zarandeo y convertirlo en una agresión. Eso crispa lo que no está en los escritos. A continuación, su colega de Interior ha de ordenar la detención de algún miembro del otro partido para que la ciudadanía compruebe cuán fachas son los tíos. “El ministro quiere detenciones y las tendrá”.
Sería ideal de la muerte que entre los mandos policiales encargados de cumplir estas órdenes se registrasen disensiones, negativas y broncas. Eso proporcionaría el toque chapuza, propio de toda obra mal hecha.
En el caso de existir un Alto Comisionado para atender a las víctimas resulta imprescindible que dé muestras de partidismo y que sea cuestionado por ello. Es difícil, pero se puede conseguir.
Una vez montado el guirigay, el Gobierno puede estar dialogando con ETA, con Batasuna o con los Mártires de Al Aksa, porque nadie va a ser capaz de interpretar ni por el forro lo que está pasando.

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