Todos los Santos

En fechas de tan señalada espiritualidad, nada como una oración.
Creo en un solo líder todopoderoso, creador de los minipisos y del cheque-bebé. Creo en sus obras y en sus baches, y en la fundada esperanza de que más tarde o más temprano, acabemos escribiendo verdaz con zeta y ambre sin hache.
Creo en el proceso de paz, aunque se haya interrumpido; creo en Sopena y Zarzalejos, creo en todos los ministros, en Maleni y en Bermejo.
Creo en el cambio climático, en la lluvia ácida y en los polos descongelados. Creo en nuestra labor destructiva, en Al Gore antes ignoto, en los pedos de las vacas y en el protocolo de Kyoto.
Creo en la Alianza de todas las Civilizaciones, en los pecados de Occidente, en perversas invasiones y en los males causados al resto de la gente. Creo en el día de mañana, cuando seamos hermanos, nos toquen la campana y recemos en mezquitas, como hacen los mahometanos.
Creo en la memoria histórica, en la resurrección de las dos Españas, en una nueva retórica y en la bondad intrínseca del Frente Popular. Reniego de Franco, de la cheka de Fomento, de sus pantanos y albercas, de los yugos y las flechas y por renegar reniego del águila de San Juan, que estaba allí metida impasible el ademán.
Creo en la educación para la ciudadanía, la que nos enseña a ser más demócratas de día en día. Reniego de la objeción a tan útil asignatura y en este instante olvido lo que me enseñaron los curas.
Creo en la sentencia del 11-M, en sus preámbulos y considerandos, en las pruebas aportadas, en toda su inmensa prosodia y en que se vigiló con esmero la cadena de custodia. Creo en Trashorras, cooperador necesario, en Zougam y en Gnaoui, autores de la masacre. Reniego de Luis del Pino y de todos los peones negros, aquí no hubo más bombas que las que madre nos diga. Y a quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga.

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