Recuerdo de Pasolini

Cuando Pier Paolo Pasolini critica las algaradas universitarias de Valle Giulia, en la Roma del 1 de marzo de 1968, pocos son los que entienden sus palabras. Muchos de quienes sí lo hacen, prefieren ocultarlo y disimular, refiriéndose a él como un traidor a su clase y a su ideología.
Pasolini era una voz indiscutible de la izquierda italiana, aunque sólo hubiese llevado en su bolsillo el carné del Partido Comunista de Ferrara no más de dos años. Con militancia o sin ella, el poeta y cineasta fue izquierda por los cuatro costados, quizás también para escapar de la influencia paterna, un hombre del que se dijo por toda biografía que había salvado la vida a Benito Mussolini.
En aquella ocasión del mítico año 68, Pasolini manifestó que los universitarios eran los hijos de los burgueses y que representaban a los ricos, mientras los policías eran hijos del pueblo y representaban a los pobres y a la República. Sin abandonar el maniqueismo que pretende etiquetar a los hombres como buenos y malos de acuerdo a su adscripción, y no a su conducta, Pasolini desconcertó a la opinión pública mucho más de lo que podría haberlo hecho el propio presidente de la República, aún a costa de ser visto como un renegado.
Episodios como los de Valle Giulia ocurren a diario y a diario se intenta colárnoslos distorsionados, a gusto de los actuales maniqueos. Por qué ha de ser derecha reconocerse en la transición, o qué tiene que ver con la izquierda abrazarse a tiranuelos de poca monta, por no repetir el catálogo de manipulaciones al que nos vienen sometiendo los vendedores de humo, demagogos y propagandistas más activos desde las cruzadas a esta parte.
Las cargas de profundidad que se han activado contra la objetividad y el libre pensamiento bajo nombres rimbombantes carentes de sentido _ MH, EpC _, están clamando por un Pasolini que sin miedo a la apisonadora del régimen llame a las cosas por su verdadero nombre.

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