Mucho mejor lo hablamos

Entre sus consecuencias más nefastas, el talante prometido hace cuatro años ha provocado que muchos periodistas se comporten como políticos, que los debates sean enfrentamientos y que entre ellos aparezca una línea divisoria en forma de trinchera desde la que no se dialoga, sino que se dispara.
Los debates entre periodistas se organizan ya con el mismo criterio que aquéllos en los que participan políticos. Se invita a tantos de un lado y a tantos del otro para que todo guarde las apariencias de ecuanimidad y se da por sentado que así, una vez adoptadas esas precauciones, la representación es políticamente correcta, pero ni con ésas.
La chispa más encendida salta en el programa con el título menos indicado para confirmar la existencia de esas trincheras, “Mejor lo hablamos”, de la televisión pública andaluza, donde mejor que hablarlo, cuatro invitados dieron un portazo y dejaron a Mariló Montero compuesta y sin espacio.
La tesis es que Nacho Villa, el director de Informativos de la COPE, no podría haber reprochado a Fernando Delgado que su emisora, la SER, hubiese mencionado la existencia de terroristas suicidas el 11-M; es decir, resucitar la vieja máxima entre medios: perro no come perro. En consecuencia, ya que perro muerde a perro, perro se levanta.
Dado que en los últimos tiempos los mordiscos son habituales, dado que en la profesión hay quien justifica la creación de cinturones sanitarios contra colegas, o que se racanean las condenas cuando hace acto de presencia la violencia física, a nadie le sorprende que la escalada vaya en aumento y que sea imposible finalizar un debate con una sonrisa, porque cuatro de los seis contertulios se han levantado antes de tiempo. Todo muy lamentable.
Desaparezca o no de la parrilla el debate “Mejor lo hablamos” que presenta la mujer de Carlos Herrera, el episodio se citará como la referencia al día en el que los periodistas no supieron o no pudieron debatir.

Comenta