El buen nombre

Toda la vida llamándole ZP y ahora nos sale con que sólo es Z, tal y como firmaba El Zorro sobre el pecho del gobernador antes de arrojarse a los pechos de Zeta-Jones. La zeta es lo que tiene, que tira más que dos carretas. Unos profesores de griego pronunciaban zeta y otros, theta. A nosotros nos gustaba más la segunda fonética, porque así podíamos preguntarle en alto: “Don Nicandro, ¿Telémaco va con teta mayúscula?” Y siempre eran unas risas a esas horas de la mañana. Realmente es una letra compleja. Costa-Gravas la usó en su película para rescatar una antigua simbología griega. Z = El que está vivo. Hoy podría ser el que está más vivo e ingenioso; el que hace chascarrillos y zipizapes. Lástima que el mensaje se confunda con dosis de ortografiedaz que lo afean.
El presidente cántabro no se come el tarro con el nombre. Él es Revilluca, que así le llama su primo, el de la vacas tudancas, que el pobre vive acojonado por el cambio climático. De Revilla, Revilluca; elemental.
Maleni tiene un problema. La titular de Fomento dice que correr es de cobardes y que ella no se va a ir, pero su problema es que no se llama Maleni. Mal vamos. ¿Y cómo se llama entonces? Ella lo explica: “Hace tiempo un medio de comunicación se inventó que me llamaba Maleni y ahora, si me descuido, hasta mis amigos me llaman Maleni”. Eso le pasa a mucha gente, por ejemplo a Juan Martín Díez, al que llamaban El Empecinado por ser de Castrillo de Duero y haber en ese lugar muchas pecinas, o charcas de lodos negros. Tras llevar él ese nombre, todo cambió y empecinado comenzó a significar también hombre testarudo.
Empecinado en llamarse Josep Lluis, aquí y en la China popular, está Carod, que siempre tuvo problemas con su nombre desde aquel episodio en el que le llamaban Pepe Pérez, por ser su padre José Luis Pérez Almécija y su madre Elvira Díez Rovira. Siendo así, no es de extrañar su empecinamiento en ser tratado como Josep Lluis. ¿Va a saber usted mejor que yo cómo me llamo?

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