Rosario Tramell

Catherine Porto

Llevamos dos meses enganchados a Rosario Porto. Esa mujer que sabe unir en su perfil la risa fácil, el gesto contenido y el gimoteo tras los ventanales, ha entrado en nuestras vidas como la nueva sombra de Grey, rebosante de una perversidad que atrapa y zarandea.

A lo largo del día no falta el momento en el que preguntar, como un rito inexcusable, ¿qué se sabe de Asunta? O lo que es lo mismo, de Rosario. Y es que la mujer nos trae a mal traer. Aunque acabemos de leer la novedad del día, el sumario levantado, la confidencia de la profesora… ¿qué se sabe de Rosario? No vaya a ser que nuestro interlocutor tenga noticias que a nosotros se nos escapan.

Ella, su marido, las circunstancias, la historia en sí del crimen atroz, nos obligan a imaginarla dotada de diabólicos mimbres que bordean la antesala de las propias contradicciones.

Rosario asusta, como asusta todo aquel que nos obliga a mirarnos y a reconocernos como especie capaz de devorar a nuestros hijos. Hay otras que también lo hacen, claro que sí; pero ellos no se tienen por superiores.

La mujer asusta, atrae, intriga. En la pareja llevaba la voz cantante y en el crimen, dicen, también. Al personaje le envuelve un misterio, no tanto por lo que supuestamente hizo _ que otros malvados tan o más sañudos se han conocido _, sino por todo lo que esconde esa cara afrancesada e inquietante.

Al lector, al ciudadano que conoce el caso, le pasa con Rosario algo parecido a lo que siente Nick Curran, el policía de Instinto básico, por Catherine Tramell, hasta quedar atrapado por ella, aun sabiendo el peligro que corre quien se le acerca confiado. El picahielos debajo de la cama es un final demasiado abierto como para evitar que a lo largo del día siempre regrese el recuerdo de Tramell.

Un comentario a “Rosario Tramell”

  1. MIRANDA

    Es cierto, Boss. Este país está enganchado de verdad a esta dramática historia, excepcional en muchos sentidos.
    No hay más que ver a los medios dando “el parte” cotidiano de la marcha del caso, dentro y fuera de los juzgados.
    Mira que ha habido crímenes tremendos y muy mediáticos, pero el caso de la pequeña Asunta y sus padres de adopción tiene en vilo a los españoles y sus plumíferos, seguramente porque se dan en el circunstancias extrañamente singulares.

    Con el marchamo de “presunto” y el verbo en condicional, porque mientras no exista una sentencia condenatoria cumple respetar la presunción de inocencia, hay que señalar que si resulta difícil encontrar a una madre que decida deshacerse de su hija porque quiere vivir su vida sin lastres, mucho más difícil parece que el padre también llegue a ese mismo estado de locura y se apreste a participar como cómplice o protector en el crimen.
    Siempre supuestamente. porque el padre podría ser el “ideólogo” y la madre la cómplice necesaria….

    Uno, ya es difícil. Dos en el par, parece imposible.

    No acabo yo de ver el misterio engaiolador, el atractivo invencible de Sharon Stone en Rosario Porto, que parece una persona poco equilibrada, embustera, egocéntrica, voluble, despechada y manipuladora (hoy conocemos su intento de manejar al fiscal y jueces, visitándolos para darles explicaciones en cuanto saltó la noticia a la prensa, antes de su detención)

    Si hubiera que dar una razón por la que este caso ha hecho correr tanta tinta y concitado tanto interés, yo diría es porque la familia implicada es una familia corriente, normal, como cualquiera de nosotros. Eso precisamente hace el crimen más horrendo.
    Quiero decir que en un ambiente marginal, entre gente ignorante, alcohólica, violenta, el drama tendría más fácil asimilación. Sólo la locura podría explicar lo inexplicable. Ya digo, la locura de los dos lo convertiría en un enigma insondable.
    ¿Qué otra cosa que la locura puede llevar a unos padres a aliarse para sedar con ansiolíticos, después de varios meses de “ensayos”, y asfixiar a una niña, que dejan “recostada” en una cuneta?

    No hay móvil económico, ni pasional, ni sexual. Sigue siendo extraño que los forenses autorizaran la incineración del cuerpo de la niña.
    Incluso habiendo recogido muestras de para hacer todo tipo de pruebas, no se comprende tanta prisa

    Y no se comprende que, ya detenida Rosario, la Guardia Civil, el Fiscal o quiencorresponda, autorizaran que Basterra fuese a la casa a recoger y “limpiar” todas las pruebas que quiso. Entre ellas el ordenata y el móvil, con toda la información de llamadas realizadas, de tanto valor para perfilar el caso. De la casa salió con bolsas con material que hizo desaparecer, siguiendo las instrucciones de Rosario. O suyas propias.

    El padre de Basterra ya ha pillado pasta por contar chorradas en la telekk, y el propio Basterra está escribiendo ¿sus memorias? ¿su autojustificación?…en todo caso, contando con que eso le va a traer pasta, por lo menos tanta como a Belén Esteban, que creo que tiene cola para firmar su libro que ya lleva varias tiradas en pocos días.
    Señor, Señor…

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