El resistible caos

Algo han dicho sobre convertir en jueces a los licenciados con más tomates en los codos. Posiblemente no lo haya leído bien del todo, porque de ser así, se echan en falta varias reacciones airadas de la judicatura, no sé, del CGPJ, de los Jueces para la Dedocracia, o de Justicia sin Fronteras; de alguien que opine desde dentro sin miedo a quedarse fuera de la foto. Y si hay que decir que ése es el camino más excelso para fabricar jueces y que hemos estado haciendo el pinzo hasta ahora, que se diga también. No vaya a pasar lo que al parecer ya es el panem nostrum en el Ministerio de Fomento, a cuya titular llaman Torquemada Álvarez por el terror que inspira en su entorno, hasta el punto de que algunos de sus colaboradores más cercanos han optado por callarse avisos y recomendaciones que le disgustan, sobre todo si tienen relación con el AVE barcelonés.
El caso de los jueces repentinos y el AVE guarda más relación de la que se sugiere a simple vista. Ambos están condicionados por las prisas, ésas de las que tantas veces hemos oído que son malas consejeras.
En el ámbito ferroviario lo que se quiere fabricar a uña de caballo, además de la entrada a Barcelona, son conductores, es decir, los señores encargados de llevar el tren con éxito de una estación a otra. En este sentido se está diciendo, sin que nadie lo haya desmentido de momento, que el cursillo preparatorio de conductores ha sufrido drásticas reducciones de pruebas y de tiempo. A cualquier profano en el mundo de las catenarias se nos ponen los pelos de punta al escuchar estas cosas, por si algún día pudiésemos caer en manos de jueces de cuchara o de conductores pipiolos.
Los nervios afloran ante la llegada del mes de marzo. Como en La resistible ascensión de Arturo Ui _ la obra de Brecht que la prensa se emperró en retitular como la “irresistible ascensión” _, basta un poco de calma y atención para frenar lo que nos presentan como inevitable.

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