Carta a Iker Jiménez

El lugar de los hechos

Acabo de ver horrorizado cómo asesinas de certera cuchillada verdad, historia y periodismo, y cómo pretendes sin el más mínimo empacho que yo te ayude a desollar las víctimas en el ingrato papel de cómplice. Hablamos del crimen de Legua Dereita, claro; que la noche del domingo te desdicaste a emborronar por donde te dio la realísima gana. Es una lástima, pero elegiste mal la cuadrilla y te ha salido un traidor.

Cuando hace días tu cámara salió de mi despacho, se llevaba la detallada descripción de los hechos de un crimen, por otra parte bastante vulgar, cuya única particularidad distintiva fueron las tajadas que el autor causó en el rostro del asesinado para dificultar su identificación y una leyenda que los cuentos de lareira falsearon sin tasa, como deben hacer todos los cuentos para entretener a la audiencia.

No te gustó la historia. Tú ya tenías el guión bajo la premisa “no dejes que la verdad te estropee un reportaje”, y lejos de admitir el error y de reconstruir las fechorías del falso desollador de Vilalba y su fantástica leyenda, te fuiste a la lareira para meter más leña al fuego, consciente del engaño, la mentira y la manipulación que estabas cometiendo; eso sí, con prólogo de Juan Rof Carballo, para más inri.

Has comprometido mi palabra y la de El Progreso, que hace algo más de cien años publicó con toda suerte de detalles lo ocurrido al desgraciado vecino de Ladra. De ahí el motivo de esta carta, con la que pretendo avisar al mayor número de tus espectadores de que lo visto en tu programa del domingo es más falso que las alas de Dumbo y que si el tratamiento de tus temas se realiza con el mismo rigor, deberían pasar el programa a la tarde, en horario infantil, al lado de las tortugas Ninja.

La próxima vez elige mejor a la banda y de mí, ni te acuerdes.

2 Comentarios a “Carta a Iker Jiménez”

  1. MIRANDA

    Pero Boss, no me digas que este charlatán te ha pillado desprevenido, cuando es conocida la imaginación desbordada de un sujeto decidido a ser millonario inventando historias, alguien que no ha dado trato riguroso a un solo caso en toda su vida mediática.

    Si escribes en la barra de Google “las mentiras de Iker Jimenez” comprobarás la lista interminable de sus trapalladas, relatadas por gente tan indignada como tú mismo.

    No hay derecho a poner en entredicho la respetabilidad y credibilidad de otros con sus enredos. Ni tampoco a faltar el respeto a la buena y crédula gente, aficionada a los hechos sobrenaturales, apariciones, estigmas, fantasmas, etc, via radio o televisión. por simple afán de lucro, con la ayuda de su mujer Carmen Porter y demás compinches a sueldo.

    Tiene delito esto de propalar falsedades sirviéndose de periodistas, investigadores y científicos especialistas, como gancho creible…para luego pervertir o directamente inventar las historias a la medida de sus intereses.

    Lo recuerdo cuando empezaba, un chico listo con mucha imaginación y retórica persuasiva, a la sombra de Jimenez del Oso. que pronto entró en la dinámica del “todo vale”, despreciando las pruebas de sus patrañas de forma irresponsable. Capaz de encontrar hechos paranormales en la caída de un autobús con escolares al río, o de hablar de aparecidos u ovnis imaginarios como hechos reales y contrastados. Una máquina de fraude y engañifa.

    Eso sí, su equipo de producción aporta tal calidad audiovisual, con sonidos, voces y escenografía….que levanta un teatro de farsa y mentira con auténtico arte. El mismo arte con que se ha hecho multimillonario, con decenas de libros publicados, editorial propia, y programas de audiencia, que la buena gente sigue porque quieren que les cuenten historias los charlatanes de imaginación fértil, como Iker Jimenez.

    No te sientas utilizado y estafado, Boss, aunque te sobren los motivos. Tu crees que el mundo está lleno de caballeros como tú.
    Anda, escribe “las mentiras de Iker Jimenez” en la barra de google, y verás que la denuncia es clamorosa.

  2. Bartolo

    Bien dicho, Cora. Si me da el permiso, lo pongo en su blog.

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