Z como tú

El spot publicitario de Z _ antes ZP _, está recibiendo las peores consideraciones y no es justo. Cierto que está hecho para merluzos, que le pega una buena patada al diccionario, que es impropio de un presidente de Gobierno, que le toma el pelo a la responsabilidad pública y que parece una campaña de gominolas, pero todas esas características son riesgos calculados a favor de una sola idea que lo motiva y lo justifica, cual es la de presentar a Z como un tipo simpático, campechano, con gran sentido del humor y que se ríe hasta de Janeiro.
Con tal bagaje y por consiguiente, Z no puede ser bajo ningún concepto ese personaje turbio y lleno de crispacidaz que amenaza la convivencia de los españoles. Qué va. Él está lleno de baloncesticidaz, de buen rollito y de mejor talante, capaz de argumentar o proponer cualquier cosa, porque todo se puede decir con una sonrisa. Por ejemplo, me cargo en España. Qué risa.
El spot no va a convencer de nada a sus abundantes críticos. Quizás se juegue el apoyo de alguno de sus partidarios, pero su público objetivo no es ningún ciudadano que pertenezca a uno de esos dos grandes grupos, sino ese otro que vive alejado del quehacer diario de los partidos en el convencimiento de estar a salvo de la polémica gracias a la gran máxima que rige sus opiniones y que se formula diciendo: “todos los políticos son iguales”.
A ése, al que sólo le llegan ecos de lo que ocurre, es al que se dirige Z para decirle que efectivamente tiene razón; que todos los políticos son iguales, salvo en que unos son más graves y se toman las cosas por la tremenda, y otros, como él, son más zaragateros, zarramplines y zascandiles; más a su medida, más acordes con la tradicional picaresca española. Todo ello les permite tomarse a coña el Diccionario de la RAE, la Constitución o los Diez Mandamientos. Vamos, lo mismo que usted, que a veces se le escapa una zeta en seriedaz, o una juerga contra el sexto.

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