El último pogromo

anuncio-peliculaHabida cuenta la relación que mantuvo Franco con el brazo incorrupto de santa Teresa y la supuesta colaboración de la reliquia con la buena marcha del régimen, cabe deducir que la mística doctora de la Iglesia _ hoy en el santoral _, podría verse envuelta en dificultades para conservar sus calles, plazas y monumentos una vez que sea de obligado cumplimiento la ley de la Memoria Histórica, es decir, la cruzada retrospectiva que los nuevos inquisidores del Santo Oficio pretenden desatar en la península, llevando la inquietud y la angustia a aquellos lugares sospechosos de criptofranquismo, como por ejemplo Quintanilla de Onésimo, en Valladolid.
Lo mismo cabría temer para otras figuras históricas ensalzadas durante los cuarenta años que se trata de volatilizar. Piensen en los Reyes Católicos, recalcitrantes defensores de la unidad española; en Nebrija, empeñado en hacer del castellano la lengua del imperio; en el Cid, implicado en la Reconquista hasta después de muerto, y en tantos otros que tuvieron de España una idea tan nacionalista que acabaron haciéndola.
Pero no sólo en los símbolos ha de fijarse la persecución. Las librerías y bibliotecas están repletas de volúmenes editados en esa época que glorifican, ensalzan, razonan y apuntalan esa España y sus antecedentes. Qué mejor que organizar un bibliocausto para llevárnoslos a todos por delante en una gran pira que bien podría montarse en la plaza de Colón _ a la que de paso se le cambiaría el nombre _, frente a la Biblioteca Nacional.
Cervantes que se ande con mucho cuidado, porque obras suyas como El gallardo español, estarían entre las dudosas. Por supuesto, Pemán, los Foxá, Ridruejo, Michelena, Giménez Caballero, Neville y tantos otros que le dieron a la pluma y a la tarabita con loas y patrióticos cantos encendidos, servirían de mecha en tan solemne ocasión.
El fuego, en cualquier caso, lo pueden poner algunos de los pirómanos que amenizan hoy los pogromos donde a falta de judíos, se comen españoles.

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