Todos como Revilla

El presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, va por libre. Mira a su alrededor y se ve un hombre feliz. No tiene problemas con la lengua _ del montañés apenas quedan vocablos _, no quiere un referéndum de autodeterminación, ni le queman retratos a los Reyes, ni piden su abdicación. Además, los cántabros son los cuartos en inversiones estatales per cápita y en septiembre han sido menos inflacionistas que la media española, con una subida del 0,2 por ciento del IPC. Y por si fuera poco, apenas hay objeciones a la implantación de la EpC, sólo dos familias se han puesto de uñas.
Revilla vive en una Arcadia moderna y tranquila, menos pastoril que la mítica, pero todavía con mucha leche, quesos y anchoas de Santoña, aunque El Rey de la Anchoa, como comienzan a llamarlo, sólo regala las de El Capricho, de su amigo Miguel Ángel Iglesias, por donde la oposición le quiere apretar el zapato.
De momento Revilla se las arregla para ser el alegre perejil de todas las salsas. Si va a la boda de los Príncipes es el reportero Tribulete que hasta en el water se mete; si va a Buenafuente, se come al presentador rivalizando en gracietas, y si la obligación le lleva al Desfile del 12-O, es el bromista que hace el chiste con el paracaidista y la bandera: “Ése es Rajoy”.
Lo dicho, Revilla mira en su entorno y ve a todos sus colegas circunspectos y amargados. Que si reciben poco, que si no llega el AVE, que si no son España… Él, no. Él es la tercera vía de las esencias nacionales, la del cachondeo, las anchoas y la verdad por delante. De hecho se autopropone como eficaz solución a los males actuales: “Si todos los españoles fuesen como Revilla _ Revilla dixit _, no habría la crispación que hay”.
Sin duda. Hay que ficharlo para que el próximo año sea él quien se encargue de transmitir el Desfile.
_Ahí desciende el paracaidista con la bandera. Parece Rajoy en campaña, y atrás viene el carnero de la III Legio Cyrenaica, que para algo era la de Siwa y de Amón. Este año desfila cojo. ¡Qué mala pata!

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