El bolso de Inditex

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La bolsa o la esvástica

Hace tres semanas una ciudadana británica y judía montó un pollo porque se encontró una esvástica bordada en un bolso de Inditex que había comprado. La mujer reaccionó como quien se encuentra una rata en una limonada. De nada valió a la denunciante judía que el diseño fuese indio, que la esvástica certifique una antigüedad de cuatro mil años respecto al nacimiento de Hitler, o incluso que durante tan dilatada existencia haya sido utilizada como elemento simbólico en templos judíos de Palestina, aspecto que seguramente también ignoraban los nazis cuando la eligieron para identificar su partido.
A trescientos metros de donde escribo aparecieron pinturas y mosaicos romanos plagados de esvásticas y dobles esvásticas, tanto dextroversas como sinistroversas, prueba de que su primitivo simbolismo solar, del rotar de las estaciones y de los puntos cardinales gozó de predicamento en las más variadas culturas. La cruz aparece en templos budistas y en el hinduismo. El lauburu vasco, utilizado por casi todos los partidos nacionalistas, es una esvástica redondeada con toda la carga simbólica ancestral.
El caso es una polémica más de las muchas que en estos tiempos se organizan en torno a unos símbolos cuyo auténtico significado se ha perdido, se desconoce o se malinterpreta en aras de una exquisita sociedad que responda a la utopía de lo políticamente correcto.
El velo islámico, el crucifijo, la bandera española, el águila de san Juan, las caricaturas de Mahoma, Santiago Matamoros. Todo adquiere de repente una dimensión demoníaca en boca de quienes se arrogan la vigilancia por la corrección, aunque en muchos casos el afán de limpieza no es tan grande como el de sustitución.
Está a punto de ser aprobada una ley que permitirá destruir con dinero público lo que han dado por bueno en denominar simbología franquista, es decir, el bolso de Inditex. A ver quién es el guapo que critica ahora a los talibanes.

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