Prisas históricas

La historia está mal escrita, qué le vamos a hacer. Dicen que siempre es así porque la escriben los vencedores, aunque no basta con ser perdedor para trazar reglones rectos.
Quizás quede para siempre en el olvido saber si Carlos III tuvo tratos de íntimo calado con Pastora Paternó, señora de su fiel y maltratado ministro Esquilache. Y tan mal escrita está que el nombre de su ministro ha de ser Squillace, como la ciudad italiana que lo origina, o incluso Scolacium, que así la llamaban antes los romanos, que a su vez la rebautizaron como Colonia Minervia Nervia Augusta Scolacium a partir del nombre griego de Skillection, sin despreciar otras grafías que antes y después de Carlos III se utilizaron para el caso, como fueron las de Squilace, Squilacce, Squilaze, Schilace, Schilaze, Eschilaze, Squilache, y también Esquilacci.
De provocar el motín se responsabiliza Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, XII duque de Alba, gran instigador y antijesuita. De modo que si fue el noble, lo de las capas madrileñas y los sombreros chambergos, lo de la espontaneidad del pueblo en la plaza de Antón Martín, lo del asalto a la casa del ministro queda muy rebajado de tono. Pero si Carlos III y Pastora se entendían, ¿pudo estar el rey detrás del duque de Alba para provocar la caída de su íntimo colaborador para quedarse con su señora, que por lo demás era arisca y de pésima imagen entre los madrileños? ¡Ja! ¡Échele usted un galgo!
En efecto, la historia está muy mal escrita y basta levantar una alfombra para hacerlo de distinta forma, pero ¿será ésa la correcta? Seguramente no. Sólo un trabajo minucioso, lento y desapasionado puede dar ciertas garantías de evitar borrones.
Ahora que la legislatura se agota, al Gobierno le han entrado las prisas por sacar adelante la ley de la Memoria Histórica, una iniciativa que ni es lenta, ni minuciosa, ni desapasionada, que ahonda en la división y que desprecia políticamente la transición, pero que por lo visto es lo más urgente. En otra ocasión se verá lo de la Paternó.

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