El golpe a Batasuna

Las detenciones de Batasuna han causado sorpresa y la actitud más común es levantar la alfombra para ver qué hay debajo. No puede ser sólo la detención en sí misma, dicen; no puede tratarse únicamente de una actuación judicial derivada de un proceso abierto, de una investigación o de una medida preventiva; tiene que haber algo más.
Si fuese al revés, es decir, si se produjesen al principio de la legislatura y no al final, estas reticencias a admitir la actuación en el estricto ámbito jurídico no existirían, o no serían tan generalizadas. Sin embargo hoy la opinión pública está obligada a ser recelosa, la han acostumbrado a serlo.
Con todo y eso no se puede negar que la noticia ha sido muy bien recibida en aquellos círculos generalmente proclives al cumplimiento de la ley, aunque sea tarde.
Y tras constatar la alegría por vivir en un país donde los delincuentes, a veces, son perseguidos por la justicia, se puede dar paso a las especulaciones.
Hay una positiva y otra negativa. Positiva es la que deduce un auténtico golpe de timón en la política antiterrorista y territorial, un sincero mea culpa y una constatación del fracaso que supuso abrir negociaciones con la banda armada. Este cambio estaría aconsejado por la inminencia de las elecciones y la necesidad de ofrecer una imagen de firmeza ante la inmensa mayoría, votantes socialistas o no.
Los pesimistas, por el contrario, sólo son capaces ver una taimada operación de maquillaje, efectivamente con fines electorales, pero reversible una vez que se pase con éxito el Rubicón de marzo.
En este caso, durante la nueva legislatura se volvería a las andadas, a la dejación de la ley y a engañarnos con utópicas soluciones que sólo tienen posibilidades de avanzar si se desatienden los derechos e intereses de los españoles y si todos nos doblegamos a la banda.
Hemos visto tantas y tan diversas actitudes en estos cuatro años que hasta las más evidentes parecen sacadas de un grimorio medieval.

Comenta