La doctrina Salgado

Según la doctrina Salgado, para que se dé un caso de utilización partidista de los símbolos tienen que concurrir las siguientes circunstancias: que el sujeto sea miembro o simpatizante del PP, que el símbolo sea la bandera española y que se cabreen los catalanes.
Si por ejemplo, el sujeto es miembro de ERC, el símbolo es un retrato del Rey ardiendo y los que se cabrean son de Almería, sintiéndolo mucho, no se dan los requisitos exigidos. Es lo que tiene el relativismo, que unas veces gano yo y otras, uno mismo.
La mentira como arma revolucionaria es más vieja que Caín, pero también desde Caín se le ve venir de lejos. De modo que sólo engaña a quienes están dispuestos a serlo.
Probablemente debido a un ataque de ingenuidad galopante, el PP pretendía que la ministra Salgado tirase por tierra su doctrina y se retractase por haber justificado las amenazas de los maulets a sus dirigentes catalanes. Es decir, pretendía que Salgado fuese sensata. Casi ná. Eso es como pretender que Zerolo se altere porque en Irán cuelgan a los homosexuales. Fíjese bien. No los cuelgan, los airean.
Pues aquí igual. A los del PP y a Rivera no los amenazan, les dan su merecido; al Rey no lo queman, lo iluminan; los atentados son accidentes, Chávez es una lumbrera, ZP habla con Bush largo y tendido, Antonio Aguirre puso sus testículos en la pacífica trayectoria de una inocente patada, la mejora de la enseñanza consiste en eliminar el cero y obviar los suspensos, Afganistán es un lugar tranquilo, eso de que España es una nación es discutible, Angela Merkel es una fracasada, ETA es un club de honrados ciudadanos, no habrá promesas sociales en tiempo electoral, no habrá ministros que se presenten a elecciones autonómicas y así hasta que el cuerpo aguante.
Decía Santiago Rusiñol que engañar a los hombres de mil en mil es mucho más fácil que hacerlo de uno en uno. Salgado va más lejos. Pretende engañarnos de diez en diez millones.

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