Eso no se hace, Juanjo

Aunque sea una grosería, a veces conviene hablar de dinero en las páginas políticas, y no en las económicas. Así, las puñaladas infringidas al erario durante los últimos días por parte de algunos nacionalismos sólo podrían pasarse por alto si a continuación ellos fuesen los primeros en adorar a la Teta Estado con la misma fruición, como poco, que los fieles del Becerro de Oro.
Pero tras comprobar que además de llevarse la pasta de todos, nos echan la lengua, hay que ser gilipollas para no llamarles maleducados. Así, sin adjetivos ni exageraciones. Maleducados.
No son los jovenzuelos quematrapos que juegan a disfrazarse de Simón Bolívar el Libertador quienes lo hacen. De ésos siempre habrá, como hay fanáticos de Madonna, o de los coches tuneados. Lo hacen señores que se apellidan Ibarretxe y Montilla, en cuyos expedientes escolares figura haber aprobado la tabla del uno, estudios suficientes para saber que esas cosas sólo las hacen los burros humanos; que no los animales.
Es cierto que el sistema imperante obliga a que cada comunidad trate de obtener las mayores cantidades, y que sus presidentes cumplirán mejor su cometido y su compromiso con los ciudadanos cuanto mayor sea el cacho pillado; pero esos dos reconocimientos son incompatibles con una continua actuación plagada de chantajes, insultos, desprecio, olvido de las leyes, amenazas de cisma y mala educación, ésa a la que Almodóvar nunca le dedicará una película, ni Víctor Manuel una canción. Bueno, éste sí, porque se equivoca y se las dedica a cualquiera.
El señor Azkuna, alcalde de Bilbao, cree que Ibarretxe es un iluso si piensa que ETA dejará las armas por el referéndum. “Le importa tres pepinos”. Estamos de acuerdo; pero admitirá el señor Azkuna que a quien también le importa tres pepinos si lo hace o lo deja de hacer es al señor Ibarretxe. Por eso se salta la condición de que no haya bandas armadas sueltas por ahí. Gracias a ellas, el Cupo Vasco y su caradura corren parejos.

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