La conjura necia

Alguien ha abierto la puerta y no paran de salir merluzos, a ver quién dice, propone, o eleva a ley la mayor burrada en contra de su propia casa.
Imagínense a un país tirándose mierda ante la atenta mirada de sus vecinos. Unos, horrorizados. Otros, codiciosos. Un país que le da aprecio a cuanta iniciativa se nos ocurra, siempre que vaya dirigida contra el Estado, su unidad, sus símbolos, su actual jefe, su familia, la Constitución o cualquier otro aspecto que nos robustezca, nos prestigie internacionalmente, y en definitiva nos haga ricos y competitivos para darnos muchas más prestaciones sociales y más cheques-trillizos.
Como dijo hace días Suárez Illana, con amigos así…
En este caso, el dicho se cumple de una forma mucho más trágica. Primero, porque somos más, y segundo, porque resulta que esos amigos tan indignos somos nosotros mismos.
Y no piensen tan sólo en los políticos. Ellos son los peores, porque les dimos el poder y no saben qué hacer con él. Pero si su daño puede ser inmenso, el que se destila en la calle no le va a la zaga. La moda más exitosa en cualquier comunidad que se precie de serlo es afirmar a las primeras de cambio que tú no eres de aquí. “No me siento español. Yo soy calagurritano”.
Bueno, pues usted se sentirá lo que quiera, pero mientras no se dé de baja en el DNI, Seguridad S., empresa, familia, sindicato y municipio, y se vaya a vivir al Five Tree, me temo que va ser siendo español.
Repare en lo mal que lo pasamos los que cada semana nos da por ser griegos, brasileños o suecos, y consuélese.
En cuanto a los independentistas acérrimos, ésos que dicen despertar de un mal sueño después de cinco siglos de ser colonia de España sin haberse dado cuenta, deben saber que sus aspiraciones, aunque legítimas, de momento son tan ilegales como la pederastia, aspecto que los gobiernos y el propio Estado parecen ignorar.

Un comentario a “La conjura necia”

  1. ELENOR

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