Puig no disfruta

Los argumentos que se escucharon en el Congreso a favor de las selecciones catalanas, gallegas y vascas tuvieron una gran fuerza evocadora. El tema ayudaba a revivir conversaciones infantiles en el patio del colegio. “Yo soy del Bilbao porque Gaínza juega chulillo Venancio”.
Pero lo que realmente nos devolvió a esa época fue escuchar al portavoz de ERC, Joan Puig, diciendo: “Yo no disfruto cuando vence la selección española”. Y no es de extrañar porque está haciendo un juego de pena mora. ¿Se podrá decir pena mora sin caer en graves incorrecciones?
A lo que íbamos. El raciocinio es demoledor. El ciudadano tiene la obligación política de identificarse con unos señoritos/as que se visten de calzón corto para practicar las más diversas disciplinas deportivas en defensa de su país. Yo no disfruto con la que hay, por lo tanto se me tiene que dar otra que sólo esté formada por los nacidos del Ebro para arriba.
Para ser rigurosos conviene precisar que la argumentación parte de un principio falso, pues no hay ninguna disposición legal o moral que nos obligue a vibrar con los colores de la selección nacional y a buen seguro muchos de ustedes son seguidores de los brasileños en fútbol, de los americanos en baloncesto o de los canadienses en curling. Se emocionan o disfrutan con ellos sin que su gozo suponga un delito de alta traición. Pero lo que subyace en el mensaje de estos señores es todo lo contrario. Hay obligación de disfrutar, como la hay de ceñirse a un idioma único, o de quedar marcado para siempre por razones de cuna. Demasiadas obligaciones en un mundo que tiende, o debería tender, a eliminar barreras, fronteras y diferencias, pero que evidentemente no están en la mente de todos.
El episodio, por lo demás, fue asaz chabacano como para desear que los padres de la patria no vuelvan a tratarlo en unas cuantas legislaturas.

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