Me duele un callo

A buen seguro, usted, amable lector, pertenece a ese grupo de ciudadanos que hace un montón de años está esperando una ley que permita a los deportistas negarse a participar en las selecciones nacionales.
Ya me lo imagino viendo por la tele cualquier competición mientras refunfuña para sus adentros: “¡A ver cuándo alguien se puede negar a ir a la Selección, porque esto es insoportable!”
Pues está a punto de ver cumplido su sueño, porque mañana en el Congreso de los Diputados se va a debatir una proposición presentada por ERC que lo pretende, sea cual sea la causa que esgrima el seleccionado. Causas personales, de salud, familiares, profesionales o ideológicas. “No me vienen bien esas fechas”. “Me duele un callo”. “Se me casa una sobrina” o “Es que pertenezco al P. Independentista de las Hoces de Beteta”, podrían ser a partir de ahora motivos suficientes para decir a cualquier combinado español que lo defienda Rita la Cantaora, sin que en ningún caso pese en contra del deportista el dinero invertido en las instalaciones donde entrenó, las becas que hubiera podido recibir, ni las autopistas por donde circula para ir tan ricamente de un estadio a otro.
Se ve a las leguas que la iniciativa de ERC está muy bien fundamentada y sólo busca el bienestar de los atletas, cuyos rostros de disgusto estamos cansados de ver cuando son llamados a filas. “¡Jo! ¡De nuevo estoy entre los mejores de mi país!”
Coincidirá el lector en pensar que nuestros queridos congresistas no podían tener mañana un debate más justo y más urgente que el propuesto por ERC.
Por eso y por otras muchas razones de singular trascendencia para la buena marcha en todos los órdenes, resulta de capital importancia el “pacto de sangre” sellado entre las formaciones afines a ERC, con el fin de que nunca, nunca, se pueda prescindir de ellos ni en la Moncloa, ni en la Carrera de San Jerónimo. ¡Quita, por Dios! ¡Con las ocurrencias tan graciosas que tienen!

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