El truco del suspenso

El objetivo de Cabrera es rebajar en 20 puntos la tasa de abandono de los estudios de bachillerato, que en el caso español se aproxima al 30 por ciento, cuando Europa se ha fijado como tope que en ningún país miembro exceda del 10.
La solución adoptada pasa por dilatar la sensación de fracaso del sistema educativo, haciéndoles creer a los alumnos que avanzan, cuando en realidad están en el mismo sitio.
La ministra ha inventado un curso nuevo para los estudiantes aficionados a los suspensos, pues si hasta la fecha había primero y segundo de Bachillerato; ahora, en el medio, hay un 1º´5, sin aulas ni profesores, destinado a crear la ilusión óptica de que el bípedo implume progresa adecuadamente, de modo que no se desmoralice y porfíe en su conquista de las más altas cotas del conocimiento.
Lo que pase en ese nuevo curso ficticio ya no lo sabe ni Cabrera; pero sí, es probable que el año que viene se haya logrado rebajar el abandono, si no en 20, en algún punto. Después… ya vendrá otro ministro con su librillo, dispuesto a reformar lo que es irreformable, pues para aprender no se ha inventado cosa mejor que estudiar.
La medida recuerda las mentiras piadosas que los padres utilizan con sus hijos en los desplazamientos por carretera. Cuando comienzan a cansarse del coche y preguntan si falta mucho, nunca se les dice que sí, que todavía faltan 256 kilómetros exactos, sino que se les contesta cualquier otra argucia, como por ejemplo, “Mira qué vaquita tan mona, con sus cuernos por delante y su rabo por detrás”. El niño mira la vaca y hasta dos kilómetros más adelante no vuelve a preguntar. Es decir, logramos que no se tire del coche.
La novedad no pasará a la historia de la pedagogía como un hito trascendental y revolucionario, pero tiene muchas posibilidades de figurar en los anales de la magia y el ilusionismo. El alumno cree que aprueba cuando en realidad suspende.

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