La confesión

La vuelta al trabajo se presenta intensa e inminente. Queda mucho por hacer, ya que marzo va a llegar de sopetón, apenas tomemos la uvas.
En realidad, si nos atenemos al estricto significado del verbo, por hacer queda todo y no va a dar tiempo. Veamos algunas de las informaciones que se ofrecen hoy, a un paso de septiembre y que afectan a tres pilares de la actividad gubernamental, lucha contra el terrorismo, inmigración y política territorial.
En materia antiterrorista se comienzan a escuchar opiniones favorables a la ilegalización de ANV, en el caso de que se demostrase… ya saben. Bien, por ese lado nos iríamos a la situación de arranque, después de vivir una legislatura en la que se oyó de todo y en las más variadas direcciones, como por ejemplo, tildar de antidemócratas a quienes así opinaban en su momento.
En materia de inmigración, nos enteramos ahora, por boca del primer ministro francés, François Fillon, que ZP “lamenta amargamente” la regularización masiva de 2005 y que ha prometido no volver a hacerlo en los días de su vida.
Suma y sigue. El Tribunal Constitucional se debate entre dos caminos a emprender en la tramitación del Estatuto de Cataluña y no estar loco. Uno conduce directamente a declararlo nulo. El otro salvaría sus artículos inconstitucionales con una serie de normas orientadoras sobre cómo el Estado y la Generalitat deben interpretarlos. Es decir, que se debate entre un fiasco y una chapuza, una manera muy española de acabar estos asuntos tan delicados.
Mal que le pese, al Gobierno le queda cumplir con suficiencia las partes de la confesión y algunas más; esto es, contrición, arrepentimiento, dolor de corazón, rectificación, y propósito de enmienda. “Perseguiré a los terroristas sin ambages, no realizaré regularizaciones masivas y me atendré a la letra de la Constitución”.
Bien está que así sea. Ahora sólo nos falta por conocer la penitencia.

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