Totalmente en contra

La prensa americana compara a Chávez con el dictador creado por Woody Allen para Bananas. No es ninguna originalidad, otros ya han recurrido a ese personaje cuando se buscan semejanzas entre algunos políticos de este siglo XXI y los anteriores. No es tarea fácil, pues se encuentran dictadores, asesinos, psicópatas y liberticidas a montones, pero a la mayoría les falta ese toque de surrealista estupidez que Allen supo reflejar en el cine con cuatro pinceladas. Por eso su personaje no es tanto una parodia de los políticos bananeros pasados, como un anticipo de lo que nos venía encima.
Hoy tropezamos a diario con ellos en los titulares de los periódicos, pero lejos causarnos las carcajadas de la película, lo que consiguen estos nuevos garrulos es sumirnos en un mar de preocupaciones al comprobar que no sólo llegan al poder con suma facilidad, sino que también se les pegan miles de seguidores que les ríen las gracias y apuestan por ellos como paladines de un nuevo y esplendoroso futuro.
Rosa Regàs acaba de hacerle el panegírico a Chávez y hoy mismo se descubre que existe una mujer vasca al frente del partido Hizb ut-Tahrir, o de la Liberación Islámica, que pretende reinstaurar el Califato en dos fases; la primera, en todos los países musulmanes y ya en la segunda, a todo bicho viviente. Tanto en la primera como en la segunda, nos van a califatar a sangre y fuego, es decir, nos guste mucho, poco o nada.
Carod también dice hoy a los catalanes que van a votar por su independencia el año 2014, así de exacto. Y claro, a uno, que es medio lelo, le gustaría que contasen con mi opinión, que es contraria a ambos supuestos. Al Califato, porque nunca he sido yo mucho de rezos ni de minaretes, y porque en todo caso, preferiría convertirme al Islam motu proprio, sin que me obliguen con un alfanje sobre el cuello. Y a la independencia de Cataluña, también; al menos hasta que me devuelvan las pelas de mis impuestos que se emplearon en construir tan magnífico país.

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