Palabra de ministro

La voz de ETA se ha dejado oír en tiempo y hora para que se pueda reflejar en su historia los ciclos de actividad, las treguas, las negociaciones, los atentados de presión durante éstas… una historia que se va conformando en torno a los distintos gobiernos de España y que sólo se distingue por el comportamiento de éstos con aquélla, pero nunca al revés, porque otra cosa no, pero ETA es constante en sus métodos y objetivos.
La ilusión de que pudiera rebajarlos y acceder a un acuerdo compatible con el ordenamiento jurídico es un error que no puede ser achacado en exclusiva a los actuales gobernantes, pero no por ello deja de ser un error.
Por boca del ministro del Interior se nos dijo anteayer que el atentado era inminente y que de producirse, sus autores e instigadores lo iban a pasar muy mal. Bien, el atentado se ha producido y ahora sólo nos queda comprobar que el ministro es fiel a sus intenciones. Sin reproches por la negociación fracasada, ni críticas oportunistas por el tiempo desperdiciado. Lo que hoy se espera es simplemente eso, que de una puñetera vez se haga valer la razón de la fuerza y la fuerza de la razón, como ocurriría con cualquier sociedad de delincuentes que se tomen la justicia por su mano y la mano también.
El momento coincide con homenajes convocados a etarras, exhibición de sus símbolos en las casetas de Bilbao y variada suerte de mangas anchas que no disfrutan ni las enseñas que la ley establece, sino todo lo contrario.
La ocasión es magnífica para traducir esa voluntad de firmeza en algo más que palabras. Nadie, salvo los que pretenden dinamitar la democracia española, se lo va a criticar y hasta es posible que se olviden otros períodos de tibieza.
Suena a reaccionario, pero hoy no cabe mayor ni mejor ayuda a la libertad que bajarles los humos a quienes con tanta saña luchan contra ella.

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