Unha solución á crise (V)

Tartarín en Madrid

O gobernador de Lugo Eduardo Andicoberry é autor dunha novela titulada Tartarín en Madrid (Escenas de la vida bohemia), cuxo protagonista non é exactamente o personaxe de Alphonse Daudet, senón Juan Pérez del Colmenar, un home de notable inxenuidade que ao seu creador lle permite analizar a España do seu tempo nun libro que moitas veces foi definido como hiperbólico.

O curioso da novela gubernativa é que Pérez del Colmenar, como se estivese a vivir na actualidade, propón solucións para acabar coa crise económica.

A novela aparece en 1921, oito anos antes do crack do 29, pero nas súas páxinas intúese que as crises non son tales, senón momentos máis delicados dun continuo.

Castro está encantado co descubrimento:

_Agora non volverán dicir que Lugo é unha aldea con gobernador, porque aquí non mandaban Poncios… ¡senón profetas!

Vexamos o razoamento de Andicoberry.

Di o gobernador a través do seu personaxe:

“El día que la Hacienda pública no tenga ingresos que despierten la codicia de los hombres, ni habrá reyes, ni caciques, ni oligarquías político-económicas. ¿No lo cree usted así? ¡Pues ahí estriba el secreto de mi sistema!”

Tan satisfeito está Castro que nin sequera admite que o novelista escriba ad absurdum.

“Reduzcamos hasta la más mínima expresión los ingresos _ continúa _. Con ello beneficiaremos a las clases media y proletaria y ahuyentaremos a las dinastías. Cuando los obispos tengan menos haber que los curas, nadie querrá ser obispo. Cuando las carteras no estén pingüemente retribuidas, sólo seremos ministros los patriotas de buena voluntad, capaces de sacrificarnos por el bien común”.

_Que lle dixen? ¡Andicoberry é un visionario! ¡Como Nostradamus ou máis!

3 Comentarios a “Unha solución á crise (V)”

  1. jabato

    Puede constatarse que lo que la realidad ha producido es lo contrario a lo propugnado por el sr. Andicoberry. Éste planteaba un Estado mínimo, donde los cargos públicos no fueran ocasión de medrar y terminaran siendo ocupados por personas con vocación de servicio, y no de enriquecimiento.

    Lo que ha terminado por ocurrir es que vivimos en un Estado sobredimensionado, en el que la política se ha convertido en el (único) medio de vida para miles de personas. Y la dinámica interna del sistema provoca un tufo a corrupción que los mejores, las personas con mayor honestidad y preparación, se cuidan mucho de mantenerse alejadas de la cosa pública. Ésta termina convertida en un reino de los mediocres.

    Y, triste es decirlo, sin el más mínimo asomo de luz en el horizonte.

  2. scéptika

    Magnífica la oportunidad para recomendar el “Tartarín de Tarascón”, una delicia de mi juventud y que en este mismo momento me hago promesa de rebuscarlo y volverlo a leer.

    Tanto las reflexiones de Pérez del Colmenar como las que expresa mi muy apreciado Jabato son las propias de quien piensa, siente y habla con sentido común. Pero, ay, cuántos de los que viven del momio volverían a levantar la guillotina para hacerlos desaparecer.

  3. rogelio quiroga

    Con permiso, quisiera completar las sabias palabras de Jabato con mi inmoderada dosis de mala lactosa.

    Los políticos en España, en el momento de ser elegidos o designados para un cargo, han descubierto el poder infinito de la frase: “Ha llegado mi hora”.

    Y se dedican a la “afanancia” sin miedo ni mesura, amparados por el cargo y el partido que, o hace como que no se entera o se suma gustoso a la arrebatiña en cuadrilla.

    Me podrán llamar agorero pero, ¿cómo no va a ser así si el afán de acaparar, de robar -hablando claro-, está en nuestro ADN, así seamos del nordeste, del centro o del sudeste? ¡¡¡Si hasta roban los presidentes de comunidades de vecinos a la que ven la ocasión!!!

    Como dice un amigo mío, también muy descreído y desencantado: “Los únicos que aún no se han pringado en la corrupción son los de UPyD y los de Ciudadanos… pero porque no han tenido todavía la oportunidad de meter el cucharón en la perola”.

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