El plan topillo, un éxito

Estos millones de topillos que ya llegaron a la capital de Valladolid y que amenazan con seguir extendiéndose si nadie lo remedia, comparten con las ranas de la primera plaga de Egipto ese punto de misterio e inquietud que sobrecoge el ánimo cuando el hombre comprueba que la naturaleza se comporta ajena a sus deseos y a su control. Cosechas destrozadas, aguas en peligro, muchachos que corren tras ellos a bastonazos, quema de rastrojos y aumento de las enfermedades que transmiten los roedores. El escenario idóneo para el desarrollo de una novela rural.
En las zonas afectadas les llaman ratones, quizás porque ese nombre incita más a darles muerte que el suyo propio. Desde lejos sí, les decimos topillos porque es el que difunde la prensa y porque no nos intranquilizan tanto como si los viésemos corretear a cientos por entre los sembrados de secano y regadío.
Dicen que hay 300 millones, quizás para que las especulaciones no se disparen a cifras fantásticas y espeluznantes. La serpiente del verano ya tiene su especie, los Microtus.
Con este panorama, causa risa, sorpresa o extrañeza repasar algunas informaciones del Ministerio de Medio Ambiente, de hace diez y más años, en las que se afirmaba del topillo que “no parecen existir problemas serios para su conservación”. Cierto, los únicos problemas que se detectan están relacionados con su eliminación. Y agregaba el ministerio, “pero estudios realizados en 1992, mostraron la necesidad de salvaguardar las colonias de mayor sensibilidad potencial, que son algunas de la zona de Aragón, Salamanca, Madrid, Cuenca y Sierras de Alcaraz (Albacete) y Cazorla (Jaén)”. Todo hace indicar que los planes recomendados para salvaguardar la especie han dado los frutos deseados y el topillo goza hoy de una envidiable capacidad de reproducción, un futuro halagüeño y quién sabe si mañana no serán ellos los que nos gobiernen a todos.

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