Ripios por la lectura

La directora Regàs, que es persona muy leída, manifiesta compungida que ya no resiste más. Ya la prensa no lee, ni la radio oye, ni la tele ve, pues es ella quien cree que taimados periodistas reniegan de socialistas y se han hecho del PP. Que critican al Gobierno y adulan la oposición; que no cantan sus alabanzas, ni sus glorias enaltecen, y siendo así no merecen la más mínima atención.
El gusto que le daría llegar pronto a su despacho, pedir un café con leche y un bizcocho borracho; extender toda la prensa a un lado del secreter y pillar todos los días de halagos un gran empacho.
Qué guapo el presidente, qué monas camisas lleva; lo mismo da verlo de frente, que en su escaño escorado. Se percibe de repente, que es de luces sobrado, poseedor de gran talante, serio, disciplinado, de su hogar gran amante y nada precipitado.
Las ministras ¡qué bellezones! Mujeres de rompe y rasga, Lo mismo apagan incendios, que grandes inundaciones. Ni cara a cara se nota que son ministras de cuota. Y de ellos ¿qué decir? Lo mejor de cada casa. Todos están al corriente de lo mucho que aquí pasa.
Mas no es eso lo que lee Rosa Regàs en la prensa. A su jefe lo machacan de inmisericorde manera y dicen que nunca mandó un político que así fuera. No hay día que no le zurren un poquito la badana; si no las dan tempranito, las dan a media mañana. Por la radio salen voces como cajas destempladas. Está bien algo de caña, que nosotros también damos cuando Aznar gobierna España; pero atizar con tanto ahínco no lo hacen ni en sueños los cotillas de Tele5.
Rosa Regàs ya no lee ni una triste misiva, como al coronel le pasa, no tiene quien le escriba. Por eso la mujer se alegra de que baje la lectura, ella que es directora de tanta literatura.
Pues una de dos, señora, o llama al gorila rojo que se eterniza en el cargo de tanto como censura; o la situación mejora, se nos alivia el sonrojo, que de tiempo ya va largo y desciende la basura.

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