Calentón republicano

El gran mal de este país, señoras y señores, es que una familia, llamada la Real, “veranee de gorra, Marichalar incluido”.
Ése es el docto diagnóstico del señor Anasagasti, senador y colega de los borbones en eso de vivir del dinero público, verano e invierno. Al dicho señor se le ha indigestado el secuestro, alboroto y recule en torno a una revista satírica, y a partir de la memez cometida, se plantea unos republicanismos que mandan llover en La Habana.
La tesis de arranque anasagastiana determina que la Familia Real británica lo aguanta todo porque allí viven en un verdadero sistema democrático. Sin embargo aquí, por un cuatropatas de nada, casi te enchironan.
Hasta ahí todo va bien para la causa monárquica. Parece ser que la culpa no es tanto de los reyes, como del sistema.
¿Dónde falla el nuestro? Y se contesta el senador: En que aquí son intocables y se ríen de nosotros a cuenta de los derechos históricos. “Resulta que el derecho histórico de una pandilla de vagos, eso es intocable”.
A partir de este párrafo, la soflama pierde mucho fuelle, porque el lector se despista y ya no sabe si el senador se está refiriendo a esta Familia Real, o a ETA otra. Debería haber señalado mejor.
Pero donde se pierde por completo el hilo es cuando inicia la sarta de reproches al monarca, pues más parecen los de una suegra a su yerno, que los de un súbdito a su Rey. Que si no estuviste en el bautizo de la niña porque te pilló cazando en Cazorla, que si ya tu padre cazaba, que si ya decía yo que toda tu familia os pasabais de empalagosos, que si la herencia no era tuya, que si al niño lo sientan donde no le corresponde, que si los yates tienen que durar más, porque lo que es a ti no te duran nada; que si te gastas un pastón en el veraneo y las persianas sin arreglar. En fin, cosillas que conviene decir, aunque sea en El Jueves.
Anasagasti no pasará a los anales del republicanismo, pero tiene asegurada una plaza de colaborador en Dolce Salsa, o como se llame eso.

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