Descubierto el gran salto

Esta guasa de las promesas electorales va camino de convertirse, de aquí a marzo, en la tómbola de la feria, donde siempre hay expuesto un coche que nadie se lleva.
Si ya durante las campañas las promesas sufren lo indecible para superar el grado de realismo que les permita ir más allá de una expresión de buena voluntad por parte de quien las realiza, a unos cuantos meses vista, y solicitadas de urgencia a la ministra que acaba de aterrizar en el departamento, suenan como aquel viejo chiste machista que se le endosó a Felipe González:
_Carme, prepárame un par de promesas limpias, que tengo mitin.
Y Carme, que no es la Romero, sino la Chacón, se pone a plancharlas a toda prisa, pensando quizás que si tiene el departamento hecho unos zorros, mejor le vendría un tiempo de espera antes de lanzarse a las promesas.
Pero como la ministra ya sabe que al jefe le dicen Sosa por ser un precipitado de bicarbonato de sodio, se encierra un fin de semana con sus colaboradores y le prepara el gran salto de los jóvenes a la vivienda en lo que se dice un plisplás.
¿Y en qué consiste? Se pregunta el personal con gran intriga. ¡Ah! Ya se verá.
Si antes la ministra Trujillo repartió las famosas zapatillas Kelifinder para buscar vivienda, cabe suponer que ahora se repartan pértigas Sergeibubka. De esa forma, corriendo, corriendo, ¡zas!, das el gran salto y te cuelas por la ventana de un primer piso. Una vez dentro se te aplica el Estatuto del Okupa y una de dos, o vas directo a la cárcel, que también es un piso; o por compasión, te adopta la familia asaltada. A los madrileños, llamados gatos por su facilidad en la escalada, les resultará sumamente cómodo acceder a una nueva vivienda. Y a los barceloneses, también; porque si continúan con los apagones, nadie se va a enterar de que ya están dentro.
El gran salto sólo está al alcance de los más jóvenes. El resto seguirá yendo a las inmobiliarias.

Un comentario a “Descubierto el gran salto”

  1. xczvnbm

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