Cabrera tiene un problema

El título Educación para la Ciudadanía es una solemne memez, y a partir de ahí, todo lo demás. Alguien ha pensado que la ciudadanía no estaba suficientemente educada y en vez de mejorar la enseñanza para que el ciudadano labre su propio destino, decide que es mucho más sencillo y rentable sacarse una asignatura de la manga y adoctrinar desde el púlpito sin pasar por el seminario. Eso es muy feo, muy bolchevique y sobre todo, muy falso, porque si de verdad se quiere educar, sobran las asignaturas. Cualquier materia, bien impartida, abre las puertas del conocimiento y la percepción de la realidad sin necesidad de mayores aderezos artificiales.
La gente, o sea, lo que Locke llama gentry por su nobleza, se está levantando de sus patas de atrás contra la Educación para la Ciudadanía por dos motivos. El primero es de índole política, para hacerle la cusqui al Gobierno. Si sólo fuera así, diríamos que allá ellos con sus estrategias. Cada cual administra a su antojo la causa por la que lucha, sea ésta poco, nada o muy injusta.
El segundo es más grave, pues resulta que también les asiste la razón en gran medida. Un Gobierno que se emperra en imponer la Educación dichosa y da por bueno que miles de alumnos pasen por las aulas sin coscarse de qué va la película, está haciendo algo mal.
Es comprensible el estado de nervios que a estas alturas condiciona la toma de decisiones. Pero por serlo, no deja de ser lamentable; sobre todo por parte de quienes coinciden en ese diagnóstico clínico.
Unos cuantos defienden el adelantamiento de las elecciones a manera de Bálsamo Bebé sobre la piel escocida. Veamos.
ZP tiene derecho a cumplir con su legislatura siempre que conserve fuerzas para arrostrar la encomienda. Y en beneficio de la nación que administra por santa voluntad popular, en beneficio del partido por el que concurrió, y en beneficio de él mismo, debe dedicar ese tiempo a lamerse las heridas y a maquillar el resultado.
Cabrera tiene un problema y ZP, la respuesta.

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