Esto marcha

Al volver de vacaciones todo son novedades. Así, al enterarte de que los políticos de tu país se han puesto de acuerdo para perseguir a los delincuentes, cuando tan sólo un mes antes se cruzaban improperios sobre la conveniencia o no de hacerlo, se percibe como un adelanto bárbaro y un logro de la humanidad comparable a la invención de la cucharilla de postre.
Al cabo de un rato se te pasa la euforia, pero el choque emocional es enorme. Oye tío, que el Pepe Luís y el Mariano han hecho el pacto de sangre sioux, se han cortado los antebrazos, juntaron sus hemoglobinas y están a partir un piñón con lo de ETA. ¡Jo, qué fuerte, María de las Angustias!
Por lo que cuentan, la convergencia de tamaño contubernio se ha producido en un salón de la Moncloa, el blanco concretamente, pero bien merecía que el escenario hubiese sido la muy machadiana y madrileña calle de Válgame Dios para que en el futuro el acontecimiento pase a los libros de historia como el Compromiso de Válgame Dios; o sea, igual que el de Caspe, pero más casposo.
Y que a nadie se le ocurra quejarse del ratoncillo salido de semejante parto de los montes, porque el consenso de la transición _ eso que ahora se celebra en su aniversario _, está tan vapuleado que cualquier cosita sirve para hablar de entendimiento. Lo que se nos anunció el pasado lunes no es moco de pavo. Después de tres años de tabarra pacifista, el presidente se cae del guindo y se pasa al bando de los que piensan que alguien con mil muertos a sus espaldas no es de toda confianza, como lo es el chorizo hecho en casa. O al decir del argentino López Puccio, si un amigo te apuñala por la espalda, desconfía de su amistad. Pero en fin, nunca es tarde si la dicha es buena.
En el panorama inmediato se perfilan nuevas coincidencias de igual hondura y prestancia. Otra podría ser sobre los límites geográficos de España. Ya saben, España limita al norte con los Pirineos y el mar Cantábrico, al sur…
Yo flipo si lo consiguen, pero claro, es que vuelvo de vacaciones.

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